INTRODUCCIÓN
El presente está basada
a la película cortinas de humo dirigido por Barry Livinson donde nos da a
conocer la política desde otra perspectiva y nos confirma que el periodismo
está ligada a un régimen político.
La característica
principal de esta investigación es hacer un comparativo de la película a las
situaciones actuales de nuestro país.
DESARROLLO
A 10 días de la
reelección a la presidencia se desata una polémica donde está involucrado el
presidente, al ser acusado de violación a
una menor en visita a la casa
blanca.
Al ser enterado el pueblo del abuso del presidente, el
favoritismo cae notoriamente en este momento es donde los representantes de la
casa blanca Robert de Niro interpretando a corad brean y anne heche
interpretando a winifred ames,
intervienen fingiendo y poder cubrir la noticia principal (acto sexual
por parte del presidente) con otros actos o noticias connotativas para el pueblo estado unidense,
Hubieron situaciones
llamadas cortinas de humo donde se
desarrollaron en escenarios de Hollywood
con participación de Dustin Hoffam interpretando a Stanley motss el creador de
las de las cortinas de humo que
impactaron a la población, la primera cortina
sucede al idear una guerra con un pueblo pequeño e insignificante “Albania”
proyectando imágenes de una joven con un gato, la joven gritando asustada y
desorientada.
La segunda cortina surge al ser desmentida la guerra por los
oponentes políticos del presidente en este acto da como consecuencia el
secuestro y rescate de un general. El rescate al general no fue exitoso
“fallece sirviéndole a la patria” así es como lo hacen ver ante los medio
utilizando la sensibilidad del televidente, y así terminar heroicamente su
campaña presidencial desviando la atención del pueblo de la noticia principal.
Esta última cortina de
humo suceden varias actitudes
interesante por parte del pueblo notamos como se sensibilizaron conmoviéndose
ante el general, aquí notamos como corad
brean representante de la casa blanca
utiliza esta sensibilidad del pueblo y empieza a arrojar zapatos viejos a
árboles, el pueblo lo toma como un llamado a la justicia en mi opinión diría q
es ignorancia por parte del pueblo y de los medios ya que no hubo investigación
por ninguna de las dos partes.
En el transcurrir de la película nos
pudimos dar cuenta de la manipulación del gobierno ante los medios de
comunicación una realidad que parece ser ficción
el periodismo no tiene critica propia como
bien vimos en la película las noticias y los discursos eran controlados por
medio de llamadas y contactos no lejano a lo q sucede en nuestro país las
famosas “chuzadas” situación q la vivimos a diario donde las noticias son
manipuladas eludiendo temas de interés
político, los periodistas no tienen libertad a la prensa, será q aun vivimos en
los finales de los años 90 donde el narcoterrorismo, guerrilla y otros grupos
al margen de la ley atentaban contra los periodistas, más que temor al ser
asesinado o secuestrado es el miedo al ser cuestionado y perder su carrera ya que los grandes medios de comunicación como la tv son propiedad de empresarios y
cada una con interés propios ya sea el dinero
o político.
Por ultimo quiero
compartir unas estadísticas de I
N D U S T R I A T I C:
De los
1.005 encuestados, el 79.8% asegura usar Internet, con un 100% de acceso en la
población entre los 15 y los 17 años. Apenas el 55.9% del grupo entre los 45 y
los 55 años dice usarlo.
A pesar de que Colombia supera la
penetración de Internet del promedio mundial y de los países en desarrollo, aún
se encuentra por debajo del continente y de los países desarrollados.
En Colombia, el 35,7% de los hogares
tenía acceso a Internet en 2013, lo que implica un crecimiento de 3,6 puntos
porcentuales respecto al año anterior. Vale la pena resaltar que aunque existe
una brecha importante entre Colombia y los países desarrollados respecto a la
conectividad en hogares, Colombia se encuentra por encima del promedio de los
países en desarrollo y cerca del promedio mundial.
Sal con una chica que no lee (Por Charles Warnke)
Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa
mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces
multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela
sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su
interlocutor le haya quitado la mirada.
Cautívala con
trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe
para tus adentros. Sácala a la calle cuando los
bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la
fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle
los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario
sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y
despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.
Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con
ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses
y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro
impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y
regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan
demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los
meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que
decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la
ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja
que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.
Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario
habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que
se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y
asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al
mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas
se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los
que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto
de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha
importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca
hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.
Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en
vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de
criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una
tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta.
Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho
pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la
sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo.
Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado
cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión
que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que
ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de
amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una
chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que
una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz
de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que
analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad,
en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de
un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de
quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la
ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un
truco barato.
Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha
enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero
predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el
flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído
sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en
la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un
episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo
cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya
empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su
vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su
camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una
vida bien vivida.
Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la
importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos
picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya
pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la
chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda
en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de
tristeza.
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar
historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca,
o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de
un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida
tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la
ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es
magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y
el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no
soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con
alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este
escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida
que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el
siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio,
de verdad te odio.
Este relato me hizo pensar: Limpiando toda ironía, la
intencionalidad del autor (como ya se ha visto) es dar a entender que es
preferible una chica que exija una vida con intensidad y significado, que sepa
descifrar lo que esconden las palabras, las miradas, las acciones; aunque ello
implique que sea más difícil mantener una relación e incluso conseguirla por
parte del chico. Pues de la otra manera, existiría un desinterés y aplanamiento
existencial no solo por parte de la chica que no lee, sino por parte del chico
mismo, que con cierta arrogancia, mueve los hilos de los acontecimientos de una
historia que ya escribió antes de dar el primer beso.
Pero, centrándonos en el papel que interpreta en el relato, la persona
considera que lo máximo que puede aspirar es a tener una chica conformista y
ciega a las señales, pues es cómodo, seguro y alcanzable.
Él pone dos opciones: la chica que lee y la chica que no lee, con su perspectiva particular de cómo es cada una. Pero yo doy otra opción: la chica que actúa como la chica que no lee pero que se da cuenta de lo que está pasando, no tanto como la chica que lee como con el autor del relato. Eso sí que debe ser duro: esa chica que con su falda perfectamente planchada, su perfume cuidadosamente bien situado y su sonrisa complaciente, espera a que un chico la manipule y le ve posiblemente pensando en lo fácil que ha sido todo, el gran poder que tiene en sus manos. Esa chica que se da cuenta de cómo los dedos de él pasan por su espalda valorando una mercancía de reserva, sintiéndose ella una lata de conservas: alimento para el cuerpo desprovisto de creatividad y entusiasmo; un recurso por precariedad.
Es duro ver a una chica que por inconsciencia, se ha conformado con lo
que le han dado, siendo su vida un conjunto de sucesos esperables carentes de
sentimiento auténtico, pero más duro es ver a una chica que sabe que vive un
bosque de árboles de cartón, asimilando que no podrá respirar aire puro. Porque
al menos el autor puede hacer y deshacer: él tiene las riendas y el
conocimiento de lo acontecido. Pero en este caso, ella ni eso: bajando la
cabeza, debe fingir que no se está enterando de nada o, simplemente, lo acepta.
Está a la espera, con los puños apretados y la mirada paciente.
La es dura y además,
embota, apelmaza y con el tiempo, produce un ataque de tos que vete a saber
cómo acabará.
nda sucedáneos de cariño, mientras ella ve como arquea las cejas,
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